martes, 4 de junio de 2013

LA DIOSA DE LA TAGA


El bosque de hayas rojas guarda silencio en el atardecer otoñal. Las gotas caen sobre las hojarasca como un contrapunto a la música de agua cristalina en su carrera entre las musgosas rocas del arroyo. De vez en cuando la caída de un árbol muerto nos habla de la paradoja del bosque vivo y un enorme rugido se extiende por los prados circundantes donde caballos y acémilas pastan en libertad. Las montañas responden con su eco.

Más allá, en los altos claros de los montes, tendidas sobre la hierba y envueltas en una leve bruma rumian las vacas y sus ya crecidos terneros, paridos sobre la alfombra violeta de la lejana primavera, quienes indolentes miran cómo el horizonte se tiñe de rojo y empiezan a titilar luceros y estrellas.

Cada mañana, apenas despierta el día, María con su vestido verde ribeteado de negro y su pañuelo rojo en la cabeza, a la usanza de las aldeanas de aquellas tierras, atraviesa andando los verdes prados radiantes de luz y va a la aldea para vender los huevos de sus ocas y gallinas y los frutos de su huertos. Y de la misma manera cada atardecer envuelta en la tenue luz de la tarde y las primeras sombras que preconizan la noche, vuelve a casa. Apenas la ve abriendo la empalizada, Lucio emite desde la lejanía un largo rebuzno y trota alegre hasta la cerca del camino para que le acaricie. Rito que evoca ancestrales lazos de hermandad entre el ser humano y el bruto. Este reconocimiento tiene lugar desde que murió Roberto, su marido, y el asno compañero inseparable en sus rústicos quehaceres, fue abandonado en el prado. Lucio había sido comprado en la feria de ganado de una villa cercana. Buen ejemplar de noble raza zamorana con su hocico blanco y abundante pelo negro y marrón, estaba bien adaptado a vivir en climas fríos y resultó muy útil por su domesticidad y para la delicada carga que debía transportar. Una vez por semana Roberto acudía con él al mercado del valle para vender la cerámica artesana que elaboraba y cocía a diario en su taller de fuego y barro. Lucio sustituyó a Rómulo que demasiado entrado en años, resbalaba y tropezaba en las desgastadas piedras de los caminos de herradura por los que transitaban en armonía de silencio con su amo. Rómulo fue vendido para otros menesteres más propios de su edad y Lucio se hizo cargo del transporte. Pero por los insondables motivos del destino a los pocos meses de aquel cambio Roberto murió a consecuencia de una desgraciada caída por la ladera de una montaña, cuando con el propósito de ir a ver sus colmenas tomó el atajo que bordea el Barranco de las Moreras. No era un camino excesivamente peligroso y de hecho año tras año Roberto lo recorría con asiduidad, pero aquel día hubo de resultarle fatal y se dejó allí la vida para que su alma vagara y disfrutara de aquel paraíso de hierba, roca y nieve que le había visto nacer.

Desde la muerte del amo, el pobre animal echaba en falta el calor humano. Ya nadie venía de buena mañana a preguntarle cómo había pasado la noche ni a darle la ración de avena al atardecer cuando los roedores con sus ruidos anuncian la oscura soledad sin luna. Ya nadie le cepillaba, acicalaba ni le ponía las alforjas sonoras por el tintineo de las jarras de barro. Nadie le llevaba recorrer las sendas grabadas en su memoria perfumadas de espliego y tomillo ni a mezclarse con el abigarrado gentío de los mercados aldeanos en donde mezcladas con las voces humanas podía oír los relinchos y rebuznos de los de su especie y oler su fragancia. A pesar de estar rodeado de imponentes montañas en las que se escucha el rebramar de los ciervos y el trisar de las alondras, Lucio se sentía sólo.


La casa de María quedaba separada de las últimas casas de la aldea por un amplio prado y estaba situada ya muy próxima al bosque de hayas. El camino de aproximadamente un kilómetro desde la aldea a la casa de María permanecía verde casi todo el año excepto en los días de invierno en que se cubría con un inmaculado manto de nieve. Una pareja de pesados mastines, media docena de alborotadoras ocas grisáceas , varios gatos de razas dispares, dos enormes pavos con su moco bermellón y un nutrido palomar eran sus compañeros de estancia y vida.

Ninguno de ellos, ni siquiera los mastines , que seguían incansables los movimientos de María por todo el recinto, abandonaban la casa cuando salía al monte a coger hierbas medicinales o iba a la aldea. Incluso las palomas, tan amantes de largos vuelos de libertad , rara vez fueron avistadas por el pueblo. Cuando no estaban gimiendo en su palomar, estaban sobrevolando el bosque o picoteando el grano silvestre en el prado. Se diría que aquella casa era el lugar seguro y confortable que todo animal desea y busca gozoso para tener un nido.

Desde que murió su marido María había añadido al sustento proveniente de animales y campos la recogida de hierbas de las que conocía sus propiedades culinarias y remedios medicinales. Una vez a la semana con este propósito iba a venderlas a algún pueblo cercano en el valle, como antaño hiciera su marido con las piezas de alfarería. Así fue cómo adquirió fama de curandera.


De hecho, María soportaba con paciencia las contradicciones de una tal notoriedad. Decían que no sólo curaba con acierto enfermedades sino que era conocedora del más allá y que por diferentes procedimientos adivinaba el futuro de quienes se lo solicitaban. La gente recurría a ella para conocer de los más diversos asuntos: el curso de la enfermedad de un ser querido, el futuro de una cosecha, el cercano nacimiento de un becerro o las razones por las que una madre había dejado repentinamente de recibir cartas de su hijo ausente.

El cura párroco en sus pláticas reprobaba a quienes recurrían a María para remediar males y tranquilizar sus espíritus y les acusaban de simples, rudos y supersticiosos. Pero en la práctica, pocos eran quienes a lo largo de su vida no lo hubieran hecho por uno u otro motivo. Unas veces acudían a casa de María pretestando tareas que hacer en el bosque, algún animal que recoger de la montaña o un asunto que resolver en los prados cercanos a la casa. En otras ocasiones preferían por la gravedad del asunto a tratar, aún a riesgo de ser vistos, hacerle pasar a sus hogares. Allí visitaba entre olores humeantes de romero al enfermo postrado en su cama. En ocasiones pasaba a la boyera para atender a la vaca que inquieta presentaba los primeros signos y señales de parto o al corral donde entre gallinas indiferentes, pavas, conejos y demás habitantes del mismo, rodeada de vecinas curiosas a la sombra de un olmo o una higuera escudriñaba las entrañas de un ave con el propósito de adivinar el porvenir.

Aunque su reputación como curandera era relativamente reciente, el manejo de las artes mágicas venía de lejos. Las había aprendido de una tía paterna con quien pasó de niña varios años cuando tras la muerte de su madre , debida a una larga enfermedad, su padre recurrió a su hermana que vivía en una aldea próxima para que le ayudara en la crianza de la hija. Años más tarde, hecha ya una mujer y morir también su padre, recibió la casa paterna en herencia , regresó de nuevo a la aldea que le había visto nacer y ocupó la casa junto al bosque de hayas. Aquel fue su hogar durante el tiempo que duró su soltería y también su matrimonio con Roberto. Y ahora, viuda, permanecía en aquel oasis de paz rodeada de sus numerosos y queridos animales.

María estaba dispuesta a aplicar los conocimientos medicinales aprendidos de su tía pero apenas pudo hacerlo pues se casó a los pocos meses de volver a la casa paterna. A su marido, hombre temeroso de Dios y de los hombres, de carácter taciturno y amigo de pocas palabras, todo aquel trajín de creencias en torno a su mujer le producía inquietud y malhumor. Así pues María no forzó la situación y mientras vivió su marido procuró mantenerse al margen de este tipo de actividad. En realidad Roberto era un buen proveedor, alfarero, artesano de profesión, constante y trabajador, vendía con facilidad sus productos de barro por las aldeas y puesto que el matrimonio no tenía hijos no les faltaba lo necesario para vivir.

 

Pero tras la muerte de Roberto, María rompió las limitaciones que se había impuesto y empezó a aplicar los remedios aprendidos y a practicar con los poderes que le habían sido dados. Poco a poco se rodeó de ese halo reverencial y misterioso con que se revisten quienes adivinan el futuro y que no deja de entrañar riesgos y peligros, dada la credulidad de la gente. Con el paso del tiempo se fue tejiendo una leyenda sobre su persona con algunos tintes míticos. Debido a los beneficios que producía con sus remedios, el acierto de sus conocimientos, la sagacidad de sus explicaciones o simplemente la necesidad de la gente de sentirse en contacto con el más allá y encontrar una explicación mágica a los acontecimientos de la vida diaria, fue encumbrada contra su voluntad a la fama de lo sacro. Era, decían algunos, una reencarnación de la diosa que según los más antiguos había habitado la cima de la Taga, nombre con el que se conocía a la montaña más alta del lugar. Otros por el contrario, aunque la admiraban, recelaban de sus poderes, temerosos de que en un momento dado, con motivo de alguna venganza, pudiera aplicarlos contra sus seres queridos o ellos mismos. Así pues, para los aldeanos a quienes María había favorecido era una santa y para quienes le temían simplemente una bruja.

El cura párroco que había aprendido en el seminario que las artes mágicas no eran sino obras del maligno rechazaba abiertamente a María, como ya hemos dicho, y consideraba sus artes reprobables e insanas. Tesis a la que se sumaban algunos aldeanos entre ellos el alcalde y los notables del lugar más por razón de la posición de sus cargos y su proximidad a la autoridad de la Iglesia que por convencimiento. De hecho y a pesar de sus diatribas en sus hogares se consideraba el tema tabú para evitar enfrentamientos, ya que la mayoría de sus mujeres habían recurrido a la curandera para problemas relacionados con el parto, la crianza de los hijos y la salud.

María acusaba esta ambivalencia de trato y se andaba con cuidado. Aunque su carácter había sido abierto y comunicativo mientras vivió su marido, ahora mantenía un tono distante con los habitantes de la aldea. Le ayudaba en ello su vida relativamente distante del pueblo en la casa cercana al bosque de hayas. Pero los acontecimientos llevan su propio devenir y el destino suelen ser ajeno a la voluntad de los humanos, de modo que las leyendas sobre María crecían y se incrementaban contrariamente a su deseo. El distanciamiento que cultivaba María como mecanismo de defensa se convertía en neutralidad, virtud valorada para resolver ciertos asuntos y apropiada para conjurar angustias propias de la vida diaria. De manera que su fama y leyenda crecía más y más.

 

Dada la proximidad al bosque de su vivienda, algunos animales salvajes acuciados por el hambre se acercaban a comer la paja amontonada junto a la cuadra o el grano que esparcía como alimento para las aves. La imaginación popular concluía de ello la existencia de un poder que le permitía hablar con los animales. Los ciervos y corzos venían a estar con ella y los mastines no les molestaban ni las ocas y gansos graznaban ante su improvisada presencia. Había quien decía que la curandera se dejaba poseer por el espíritu del bosque al atardecer cuando el cielo se tiñe de rojo por la sangre de quienes luchan tratando de ocultar al astro en el horizonte y hacerle bajar cada noche a los infiernos. Otros añadían que ese mismo espíritu la había convertido en guardiana de la floresta y que los pájaros acudían presto a su llamada para trasmitirle noticias del más allá. Había quien testimoniaba que inhalaba el humo del laurel con el que entraba en trance. Si adivinaba el porvenir era porque podía hablar con los espíritus de los muertos que libres ya de las ataduras de sus cuerpos habitan mundos etéreos. También se rumoreaba que bebía la sangre de los corderos, con la finalidad de sorber su espíritu moribundo y poder, también ella, moverse por las esferas celestes.

Cierto día de otoño, encendidas las primera luces del crepúsculo, un viento húmedo del noroeste, helado para la época del año, anunció la llegada de la lluvia que caía hacía horas sobre las cercanas colinas. Cuando a los pocos minutos llegaron las primeras gotas a la aldea el ambiente se llenó del inconfundible olor a heno y a tierra mojada. Súbitamente, desde el interior de una de las casas se oyó un prolongado grito que hizo enmudecer al murmullo de las gotas de agua sobre el empedrado. Algunas mujeres tapándose la cabeza con sus delantales cruzaron veloces la calle para dirigirse a la casa de donde había surgido el desgarrado alarido y de la que llegaban lamentaciones y sollozos. Minutos más tarde el monótono rezo del rosario se confundía con el golpeteo de la lluvia y un acompasado y rítmico repique de campana estuvo anunciando al muerto durante toda la noche.

De siete años de edad apenas cumplidos, vestido con su blanco traje de marinero con el que había recibido hacía unos meses la sagrada comunión enfrentaba ahora su viaje por el océano del ocaso un niño de pelo castaño que yacía sobre una cama cuyo cabezal estaba adornado con flores. Sus pequeñas manos, pálidas y frías, sostenían entrelazas un rosario de nácar y un pequeño breviario. Se diría, a juzgar por la placidez de su rosto, con la misma ilusión con que lo había hecho en su reciente comunión. A su alrededor seis candelabros traídos de la iglesia proyectaban luces sobre la inocente criatura y convertían las sombras de las personas allí presentes en danzantes espectros prestos a acompañar su alma por el peligroso camino del más allá. Niños y niñas de su edad, a quienes no se les permitía estar demasiado tiempo ante el cadáver de su hasta hace poco compañero de juegos, pasaban perplejos por la sala deseosos de verle por última vez. Algunos de ellos, contagiados por el ambiente acababan sollozando antes de abandonar el lúgubre recinto.

De vez en cuando, alguien se atrevía a levantar la cabeza y mirar a los ojos de los dolientes padres. En su rostro una pregunta y la búsqueda de consuelo.

- ¿Por qué ?, ¿Por qué? 

La noche se hizo larga como ocurre siempre que se acompañaba a alguien en su trance hacia el más allá. Los presentes, siempre vigilantes, sostenidos por un frugal ágape de difuntos, procuraban que las velas permanecieran encendidas para que el espíritu no se extravíe y encuentre rápidamente el camino definitivo que le llevará al cielo.

Al día siguiente casi todos los habitantes de la aldea, reunidos en la iglesia parroquial, asistieron a la misa por el alma gloriosa de aquel niño. Ya no llovía, pero las nubes permanecían en el cielo contribuyendo a la melancolía y tristeza presente en la aldea. Tras la misa se cantó un réquiem y una vez finalizado el párroco, vestido con casulla y estola negra bordada en oro, dio tres vueltas al féretro que parecía desafiar con su brillante blancura la penumbra circundante. Moviendo circular y rítmicamente un pesado incensario perfumó el recinto con la fragancia del incienso y se colocó frente al niño difunto para leer un breve responso y rociarle con agua bendita. La madre corrió entres sollozo a abrazar a su hijo por última vez. A una señal del párroco algunas mujeres se acercaron , la cogieron con suavidad y la aportaron del niño. Los enterradores clavaron la tapa del ataúd y los golpes retumbaron sobre las paredes con un eco interminable en medio del más profundo silencio. La campana de la torre seguía enviando a los cuatro vientos su lúgubre mensaje. Cuatro hombres tomaron en sus hombros la caja y atravesando la puerta principal salieron al atrio del templo donde esperaba el resto de los habitantes de la aldea que no habían podido entrar en el templo.

Se formó el cortejo: un monaguillo llevaba no sin dificultad una pesada cruz de plata, apreciada reliquia del pasado utilizada en estas ocasiones. Detrás de la cruz se colocó el cura quien cubrió su cabeza con bonete de seda negro y borla y puso sus dedos cruzados junto a la barbilla en señal de profundo recogimiento. A su lado se movían inquietos dos monaguillos vestidos con sotana roja y pelliza blanca, atentos a cualquier gesto del párroco. Un tercero era el portador no si dificultad, debido a baja estatura, del humeante incensario que había recibido tras el responso .


Cuando la comitiva se puso en marcha los padres del niño difunto ocuparon su lugar detrás del féretro. La madre apoyada en el hombro de su marido suspiraba profundamente como si le fuera a faltar el aire a cada paso. Junto a ellos una joven de pelo rubio y tez clara y pecosa , vestida con traje y mantilla, daba la mano a un niño de apenas cinco años a quien se había vestido para la ocasión con una rebeca gris, pantalones cortos del mismo color y zapatos brillantes de charol. Sujetaba el infante con fuerza unos pequeños guantes blancos, prenda de su hermano difunto, que alguien le había dado. El cortejo cubría lento la distancia desde la iglesia hasta el cercano cementerio en profundo y tenso silencio. Al llegar a los primeros cipreses que jalonan el camino y a la vista las primeras tumbas yacentes sobre un verde manto de hierba , se oyó:

- ¡ Ha sido la bruja !

Un rumor se extendió por el numeroso grupo de gente como se extienden sobre la superficie de un campo de trigo las ondas del viento.

Tras la última plegaria, el ataúd fue depositado suavemente en la fosa excavada desde el día anterior por los alguaciles. Algunas mujeres depositaron flores. Luego algunos puñados de tierra arrojados por los familiares del niño sobre el féretro. A continuación el rápido trabajo de los enterradores hizo desaparecer a la vista de los vivos y para siempre a aquella criatura que sólo unos días antes reía y corría por las rústicas calles de aquella aldea. .
Al día siguiente, tras el entierro, el rumor sobre la participación de María en la muerte del niño lejos de desaparecer había aumentado hasta golpear las paredes de la aldea como el eco sonoro de un amenazante vendaval.

_ Dicen que ha sido María, la bruja que vive en la casa del bosque.
  • ¿Por qué sino cada año muere un niño en nuestra aldea?
  • Alguien nos trae esta desgracia. ¿Y quién sino María?
  • Los médicos no saben la causa de las muertes de nuestros hijos. No se trata de algo natural.
  • ¡ Es la bruja quien con sus poderes y su magia mata a los niños !
  • Fue ella quien hizo morir a Raquel la de Lola y Carlos ¿Quién sino? Los médicos nunca explicaron su muerte ni la del resto de nuestros niños
  • Si, seguramente fue ella quien mató también a la hija de Lucas y a la de Rosario.
Pasaron los días y como siempre ha ocurrido con curanderas y brujas, cada vez se hacían más conjeturas, fruto de la irracionalidad mezclada con la sugestión y el miedo, a cerca de la influencia de María en la vida de los aldeanos. Pero la sugestión y el miedo no son sino un caldo de cultivo que exaltan la creencia y hacen confundir el pensamiento con la realidad de las cosas, por lo que la vida de María empezó a correr serio peligro.

Alguien, agradecido por algún bien conseguido por su mediación, le hace llegar la noticia y le pide que no se acerque al pueblo. Le explica que se ha apoderado de la aldea el rumor de que es ella quien mata con su magia a los niños. Le ruega que huya lo más pronto posible.

María se asusta, se encomienda a Dios; pero permanece en su casa del bosque a pesar del peligro. No quiere irse ni tiene donde hacerlo. Durante el día arregla la casa cuidadosamente, alimenta a sus animales y alarga su tiempo de estar con ellos, como quien sabe que va a tener que abandonarlos a su suerte. Ella que tantas veces se ha comunicado con el más allá, presiente ahora en medio de la belleza de aquellas montañas y de la inmensidad de los prados circundantes la proximidad de la muerte. Hay silencio y paz a su alrededor. De vez en cuando se oyen los mugidos de las vacas, el relinchar de las acémilas o el revoloteo de las palomas. Pero sabe que aquel profundo sentimiento de paz que le embarga no es sino el preámbulo de una muerte cercana. Por eso no puede evitar mirar a cada momento al camino que le separan de la aldea, por el que ha paseado feliz tantas veces, ahora iluminado por el sol y sobre el que el viento otoñal ha depositado pacientemente una dorada alfombra de hojas de robles, castaños y hayas que pisará muy pronto el rey invernal cuando venga con su manto de armiño .Por la noche apenas puede conciliar el sueño a pesar de que sus fieles mastines le avisarían de inmediato de la proximidad de cualquier persona extraña.

Mientras tanto, en el pueblo, aldeanos, convertidos en horda, van al Ayuntamiento a ver al alcalde. Lo encuentran rodeado de notables sabedores de las tramas y maniobras de sus paisanos. Le hablan con tono imperativo y piden que María sea apresada. El alcalde consciente de su responsabilidad trata de detener a aquel grupo de mujeres y hombres que eleva cada vez más el tono de voz. Hay quien le grita y amenaza. Con voz indecisa dice que hay que consultar a los expertos, dar a conocer los hechos a las autoridades y tratar de ver qué ocurre realmente. El cura enfundado en su negra sotana la vista baja parapetado en sus pensamientos guarda silencio y mueve la cabeza a izquierda y derecha sin atreverse a decirles nada. Les falta resolución y coraje para frenar a quienes convencidos de la culpabilidad de María en la muerte de niños, más o menos frecuente en aquella aldea piden que sea ajusticiada.

La horda de campesinos que en su imaginación ha juzgado y condenado sumariamente a María al ver la oposición de las autoridades abandona el ayuntamiento y con paso rápido recorren amenazantes las calles del pueblo aliados. Quieren llegar hasta la casa de María y apresarla. Cuando finalmente el grupo enfila el camino en dirección a la casa de María lo forman más de cincuenta hombres y mujeres armados con hoces, cuchillos.

A su paso por la cerca que bordea el prado, Lucio, asustado por el tropel vociferante, emite un dilatado rebuzno pero permanece expectante, inquieto, alejado de la cerca, en contra de su costumbre de ir a saludar a cuanto humano transita por aquellos parajes. Su rebuzno nervioso y prolongado se convierte de inmediato en una señal de alarma para cuantos seres vivientes que habitan las montañas. Los ciervos levantan su cabeza, huelen,,otean el horizonte, y emprenden una veloz carrera desde los prados a los bosques cercanos. Las vacas llaman a sus terneros y se trasladan con paso decidido a los lugares en los que se sienten más seguras. Las yeguas relinchan inquietas y recogiendo a sus potros se lanzan a recorrer en círculo los límites de aquellos prados. Las palomas alzan el vuelo y permanecen largo tiempo en el cielo dando vueltas en torno a la casa sin atreverse a detenerse y posarse sobre el tejado. Las ocas y los gansos graznan ansiosos. Los mastines corren ladrando hasta la verja y muestran amenazantes sus poderosas mandíbulas.

Los aldeanos atraviesan el prado con paso decidido y llegan hasta la valla que rodea la casa de María. La horda se detiene. Hay desconcierto y sorpresa en sus miradas. En el umbral de la casa , a pocos metros de la verja donde los mastines siguen ladrando y gruñendo, un hombre moreno, alto, de unos cuarenta años, que viste cazadora de cuero y pantalones de pana marrones de pie, con los brazos cruzados sobre el pecho y las piernas ligeramente abiertas observa a los vociferantes aldeanos. Unos pasos detrás de él, debajo del marco mismo de la puerta, María cruza su chaqueta de lana verde sobre el pecho. Su pelo apenas sujeto por una fina cinta verde cae desordenado por hombros y espalda. De vez en cuando una ligera brisa empuja algunos cabellos hacia su lívida cara, pero ella no se atreve hacer un gesto para apartarlo.

Poco a poco el grupo de aldeanos va bajando el tono de la voz y los gritos amenazantes se convierten en un susurro. Ante aquel improvisado silencio, los ladridos de los mastines parecen todavía más rabiosos, potentes y amenazantes. María los llama varias veces. Finalmente dejan de ladrar y dando la espalda a la multitud caminan moviendo pesadamente sus cabezas hasta donde está su ama quien sin dejar de mirar a la horda, los tranquiliza pasando la sobre sus lomos mojados por el sudor.

Los campesinos han reconocido a D. Manuel, el médico que acude regularmente , martes y jueves ,a pasar su consulta en las dependencias habilitadas como clínica en Ayuntamiento.

¿Qué hace allí? ¿ Por qué está con María? , se preguntan.

Alguien que ama en silencio a María corrió hasta donde vive D. Manuel, el pueblo más hermoso y al mismo tiempo más lejano del valle, para decirle que María, la curandera, la viuda que cada semana montaba su singular farmacia de hierbas y emplastos en el mercado de aquellos pueblos circundantes, a la que algunos consideraban una bruja y también reencarnación de la diosa de la Taga, estaba siendo acosada, amenazada y perseguida por los aldeanos, que le hacían culpable de las últimas muertes de niños acaecidas en la aldea.
Don Manuel que sabe que María no es culpable ensilla rápidamente su caballo y acude a galope a la aldea donde vive María, a la casa junto al bosque de hayas. Cuando los campesinos toman la calle que lleva al lavadero con la intención de enfilar el camino del bosque, D. Manuel ya ha conseguido pasar la verja que habría de detenerlos y pudo hablar con María.

Extrañado por la frecuente muerte de niños en la aldea con problemas respiratorios y afecciones pulmonares llevaba meses hablando con los catedráticos de la facultad de medicina donde estudió, de lo que consideraba una extraña enfermedad. Una enfermedad desconocida y de difícil diagnóstico. Una enfermedad que según los investigadores médicos de la Universidad podía llegar a tener un nivel de incidencia alto entre personas oriundas de un mismo lugar, dado su componente genético. Una enfermedad hereditaria, no contagiosa, que se manifiesta desde el momento del nacimiento y resulta incurable Una patología compleja, que afecta a muchos órganos del cuerpo, aunque en cada caso puede manifestarse de distintos modos y en distintos grados. La afectación pulmonar es el síntoma más grave pues las continuas infecciones deterioran el tejido pulmonar provocando la muerte de los niños pues difícilmente se sobrevive a los ocho o nueve años. El diagnóstico acuñado por el departamento de fisiología de aquella Facultad :“ mucovicidosis o fibrosis quística”. La enfermedad que probablemente era endémica en la aldea por el casamiento entre personas cercanas explicaba las continuas muertes de aquellos niños e iba a ser tratada preventivamente.

Tras el inesperado silencio provocado por la presencia del médico se empiezan a oír de nuevo entre el grupo de campesinos voces exaltadas pidiendo que María sea ahorcada, pero D. Manuel toma la palabra para informarles de su grave equivocación. Les reprocha su exaltada reacción, su ignorancia, su obcecada maldad. Les amenaza con la justicia y les invita a reunirse con él en el Ayuntamiento donde les esperan dos profesores investigadores médicos que han venido expresamente a responder a sus preguntas.

En los prados húmedos por el reciente deshielo la hierba brilla reflejando con cada gota los colores del mediodía. El caminante acaba de abandonar la aldea y se dirige al cercano bosque de hayas. En el camino diminutas flores blancas y lilas pujan por anunciar el esplendor de la primavera. Caballos, vacas y ovejas de gruesa lana, asentados en las tierras bajas desde que se iniciara el invierno disfrutan con la frescura del alimento primaveral. La nieve blanquea todavía las cimas más altas sobre las que solemnes planean varias parejas águilas que tienen ya construidos los nidos. El olor a musgo y helecho del cercano bosque, todavía húmedo, ensancha los pulmones del caminante. Acros, da rienda suelta a su dormido instinto depredador siguiendo el rastro de roedores y pequeños herbívoros sacados de su letargo invernal por la primavera. Incapaz totalmente de cazarlos va de aquí para allá. Atraviesa divertido la cerca una y otra vez pisando las flores que salpican la hierba mojada de vez en cuando mira a su amo deseando que no tenga prisa en su caminar.

Al caminante le gustaría retener aquel instante de paz, en el que está sumergido el valle, pero sabe que no es posible, que ser arrebatado en espíritu por la belleza, sólo ocurre de vez en cuando. Por eso trata de vivir ese momento.

Casi al final, el camino se pierde en el bosque, aparece en un recodo la verja de la casa de María. El caminante se acerca respetuoso y mira al interior con curiosidad. Una cadena y un candado mantienen juntas las desconchadas puertas de hierro por las que chorrea el óxido . La caprichosa yedra ha trepado por los muros e invade los alerones y tejado. En el suelo, junto al pozo, todavía puede verse el cubo con el que seguramente María sacaba agua o llevaba el alimento a sus animales. Las puertas de madera de la casa, hinchadas por el frío y la humedad del invierno empiezan a resquebrajarse. Dos ardillas que suben y bajan inquietas las escaleras cubiertas de musgo, se paran a mirar asustadas la cabeza del viajero que asoma por encima de los portones. La puerta de la cuadra fuera ya de los goznes está apoyada en el dintel a punto de caer. El caminante mueve la verja por si hubiera un resquicio y se abriera, pero sólo consigue que algunos pájaros levanten el vuelo.

Le parece oír el ladrido de los mastines, el graznar de ocas y patos y el incansable ajetreo de María la curandera por aquel recinto. Pero el recinto permanece solitario, sonoro y silencioso al mismo tiempo.. Lo que sí oye es el arrullo de los palomos, descendientes de aquellos que cuidó María, y ve cómo entran y salen del cálido palomar importunándose los unos a los otros y a quienes los prados con su grano silvestre seguían proveyendo. También escucha, tal como hizo la curandera año tras año desde su infancia, el susurro de las hojas del tilo que da sombra a la casa y el eco de la leña que cae en el cercano bosque. Las tejas han empezado a caer por la acción de los pájaros y el agua , como un preludio de la irremediable ruina de aquella casa.

De vuelta a la aldea recordó toda aquella historia que le habían narrado en la aldea. El eco de esquilas y cencerros trababan el pasado y el presente en armonía. Pensó en los olorosos otoños en que la lluvia canta sobre las caídas hojas rojas, en los largos inviernos en los que el camino guarda silencio cubierto de nieve y en las alegres y variopintas primaveras e imaginó a a María yendo y viniendo por aquel sendero que ahora pisaba.

 

Acros, ajeno a los pensamientos del amo, seguía oliendo las innumerables yerbas del camino. Seguro que sabía, como María, cuales eran medicinales y cuales no, pero un can nunca llega a expresarse con claridad. Hubiera sido, pensó, un buen compañero para la curandera María que sí parecía comunicarse con los animales. Lo llamó y acarició. El can miró a uno y otro lado creyendo que iba su amo a cambiar de dirección, pero le bastaron unos segundos para saber que continuaría por el mismo el camino que lleva de nuevo hasta la aldea y siguió zigzagueando delante de su amo.

Súbitamente, al pasar junto a la cerca se oyó en la lejanía un prolongado rebuzno. Un asno color oscuro de hocico plateado y abundante pelaje, vino trotando en dirección a la cerca extendidas sus largas orejas que giraba una y otra dirección. Acros sorprendido miraba alternativamente aquel burro que se acercaba veloz y a su amo como queriendo saber qué hacer y si debía ladrar al intruso. Al momento comprendió que su amo lo recibía complacido y se sentó esperando acontecimientos. Cuando Lucio llegó a la cerca sacó su ruda cabezota por encima de los desvencijados maderos y se dejó acariciar largamente.

  • - Acros, dijo mirando a su perro que inclinó la cabeza al ver que su amo le hablaba: ¡ Pasamos por la vida !

Cuando llegaron al final de la cerca siguieron el camino hasta una encrucijada. Allí torcieron a la derecha para no volver a pasar por la aldea. El caminante se paró un momento y miró atrás queriendo retener una vez más en la retina la belleza de aquellos prados. De nuevo, desde la lejanía se oyó un prolongado rebuzno.


© Rafael Rodrigo Navarro ESTAMPAS RÚSTICAS 1012

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DIÁLOGOS SOCRÁTICOS EN EL SIGLO XXI:  Sobre la  emoción 


Luis: Hola, Pedro, hace tiempo que quería hablar contigo, pues hay algunas preguntas que rondan mi cabeza.
Pedro:Ya sabes soy tu amigo y los amigos están para escuchar, para tratar de comprender.
Luis : Sí,es la ventaja de la amistad. Todo el mundo tiene necesidad de ser escuchado de vez en cuando.

Pedro : De este modo posibilitamos que el pensamiento se objetivice y uno se conozca mejor. Además nuestros pensamientos se complementan y desarrollan con el punto de vista de los demás. Pero ¿Qué es lo que me quieres comentar ahora? Luis.

Luis: Sabes que hoy día se habla mucho de la inteligencia emocional

Pedro: Es cierto, desde la publicación del libro de Daniel Goleman “ La inteligencia emocional”, allá por el año 1995 , hay mucha gente que se ha interesado por este aspecto de la inteligencia y más aún de la propia vida. Muchos han descubierto que existe una parte emocional en nuestra existencia que es de capital importancia.

Luis: Un aspecto si no olvidado por lo menos minusvalorado.

Pedro: Este descuido se debe a que existe una sobrevaloración de lo racional en la educación que hemos recibido y que ha ignorado que la inteligencia tiene un componente emocional ineludible.

Luis: Parece peligroso, este descuido.

Pedro: Y lo es, pues si descuidamos aspectos que son importantes para la adaptación social ¿ qué será nuestra vida sino un completo despropósito? ¿ Cómo vamos adaptarnos al entorno humano e incluso físico si no entendemos bien o prescindimos de las emociones, uno de los instrumentos más valiosos que ha desarrollado la naturaleza para las relaciones entre individuos y grupos?

Luis: Ahora que sabemos que en el ser humano la parte emocional es tan importante como la parte racional podemos pensar que hubiera sido mejor definir al ser humano como un ser “emocional racional” y no como “animal racional”. Al utilizar Aristóteles el concepto de animal, aunque hacía referencia a las emociones de las que estamos hablando, no se ha entendido sino en un sentido peyorativo, como si tuviéramos una parte realmente humana, la racional y una naturaleza de menor rango, la animal.

Pedro: Puede ser. El tema es complejo. Lo importante es comprender qué son las emociones y los sentimientos para plantearnos a su vez qué debemos y podemos hacer con los instintos.

Luis: Porque hay emociones destructivas ¿ No es así?

Pedro: Así es. Cuando se odia a un semejante, surge el sentimiento de revancha y violencia contra él. Se desea su destrucción y diferentes emociones acompañan a ese deseo tanto en la ejecución como en el resultado. Se puede llegar a disfrutar de herirle o darle muerte.

Luis: Pero dejemos para otro momento el análisis de las emociones destructivas e incluso la pregunta sobre el funcionamiento del instinto. De lo que quería hablar es de la conclusión a la que he llegado al reflexionar sobre las emociones. ¿No es cierto que la enorme diferencia existente en la manera de ver la vida, en los pensamientos que elaboramos, en el lenguaje que utilizamos en nuestros discursos que dejan frecuentemente perplejo al interlocutor, incluido el amigo, es debida al componente emocional de nuestra inteligencia?


Pedro: Sí,es cierto. Hay algo que nos sorprende profundamente y es darnos cuenta de que por más que hablemos y nos comuniquemos con nuestros semejantes nunca llegamos a tener un mismo punto de vista. Este fenómeno es claramente observable en el caso de los amigos con quienes se habla con confianza de los muchos aspectos que nos preocupan en la vida a veces con la angustia presente de necesitar encontrar otro punto de vista. En ocasiones, cuando parece que está habiendo una buena comunicación y parece que existe coincidencia en el punto de vista sobre algún asunto, súbitamente,sin saber bien porqué, te envuelve una sensación de extrañeza sobre lo que te está diciendo y ves que él tampoco te entiende. Más aún en algunos casos observas, contra tu voluntad y tu intención, que ha sido afectado emocionalmente con lo que le has dicho y que su reacción te es adversa.

Luís: Si es cierto, pero así se propicia el diálogo. Si todos pensáramos lo mismo no habría diálogo.

Pedro: Cierto, el diálogo es fundamental para las relaciones humanas, pero yo me refiero a la toma de conciencia de nuestra radical individualidad que en algunos momentos de nuestras vidas se transforma en angustia pues como seres sociales que somos queremos comunicarnos y nos sentimos bien cuando hay comprensión. .

Luis: Bueno, aunque dialoguemos e incluso discutamos, si existe amistad o amor la relación se recupera. Supongo que lo social no se basa exclusivamente en la comprensión racional sino en algo más profundo.

Pedro: Me preguntas si esas diferencias en la forma de pensar, de razonar, de ver la vida o hablar surgen de la parte emocional del ser humano y nos hacen totalmente singulares¿no es así?

Luis: Sí, algo así. Y no sólo totalmente singulares sino prácticamente inaccesibles unos a otros.

Pedro: Las emociones son fuente constante de paradoja. Cualquier conducta humana viene acompañada de emociones incluso el simple lenguajear.

Luís: Sí, es evidente que las emociones acompañan al lenguaje.

Pedro: También es evidente que el lenguaje desata emociones.

Luis: Sí, también parece evidente.



Pedro. En la vida diaria observamos que el lenguaje y las emociones se retroalimentan. Pero se trata de dos componentes de nuestra inteligencia y nuestra personalidad diferentes. Por un la do el lenguaje desata emociones y las emociones hacen hablar a la gente pero por otro lado mientras el lenguaje comunica conceptos, las emociones no lo hacen, no trasmiten conceptos.

Luis. Vuelvo pues a insistir en mi pregunta ¿ Qué hacen realmente las emociones? ¿ Nos unen en cuanto seres individuales o nos separan en mónadas irreductibles?
Pedro: Las emociones en realidad indican que estamos unidos. Cada uno vive la emociones de manera única, personal y posiblemente intransferible en su complejidad pero tienen la virtualidad de mantenernos unidos provocando un tipo de contacto que llamamos emocional.

Luis Me estás hablando entonces de dos sistema de comunicación diferentes el racional y el emocional que me imagino a su vez que estarán interrelacionados.

Pedro. Así es

Luis Pero a mi me interesa comprender el sistema de comunicación emocional. El racional ya lo conozco. Ha dado lugar a la lógica, a la matemática, a la ciencia, etc.

Pedro: Decía que las existencia y presencia de las emociones indican que los seres humano,seres individuales irreductibles unos a otros, formamos parte de una realidad que podemos llamar “ superior o transcendente” : el grupo social humano.

Luis: ¿ Quieres decir que las emociones serían algo así como la puerta de entrada a ese mundo unitario que subyace a la conducta individual del ser humano?

Pedro: Efectivamente. Por definición la conducta social es algo que nos trasciende ya que es el resultado de la interacción de varios individuos, es decir algo nuevo y por esa misma definición más complejo. Las emociones nos proporcionan la conciencia de que somos seres grupales es decir sociales. De esta consciencia surge la ética, la moral y las leyes sociales en general.

Luis: Consecuentemente no podemos guiarnos exclusivamente como si fuéramos seres individuales.

Pedro: Efectivamente, aunque también como individuos somos merecedores del respeto social a nuestra individualidad.

Luis: Esto me hace pensar que pueden haber dos extremos: el individualismo por una parte, y el gregarismo por otra.

Pedro: Así es. Posturas ambas difíciles de evitar, de lo que hablaremos más adelante. Centrémonos ahora en la conducta emocional que nos hace consciente la pertenencia a una realidad grupal que, como hemos dicho, nos trasciende.

Luis: Algo difícil de admitir, pues no nos es agradable sentir que no controlamos nuestro destino.

Pedro: Y realmente no controlamos nuestro destino. Las emociones nos llevan en muchas ocasiones hacia donde no queremos o por lo menos a donde no habíamos previsto. No obstante nuestra individualidad permite cierta variabilidad de reacción ante un acontecimiento social que nos trasciende. En general, no consideramos racional al sistema de comunicación de las emociones porque trasciende nuestra racionalidad individual.

Luis: Pero podríamos hablar de una racionalidad social.

Pedro: En ese caso deberíamos pensar que existe un racionalidad superior.

Luis: Muchas personas creen en la existencia de Dios.

Pedro: Así es, pero en el plano de las emociones pensar que existe una racionalidad superior equivaldría a decir que nuestras emociones responden a un plan.

Luis. Sí claro. Se dice que Dios escribe en renglones torcidos o que lo que está ocurriendo es su voluntad.

Pedro: Pero nosotros no lo sabemos, ni nos atañe en cuanto seres individuales interrelacionados por las emociones. Hablamos de lo que nos ocurre, no de lo que nos pueda ocurrir. Y lo que nos ocurre es que nos comunicamos de una manera un tanto extraña, nos comunicamos mediante las emociones la mayoría de las cuales nos trascienden. Creemos relacionarnos mediante el lenguaje racional pero rápidamente nos damos cuenta de la poca consistencia de lo que hablamos y de que casi todo es relativo, sin embargo las emociones hacen que recordemos nuestras vivencias y las reelaboremos una y mil veces dando lugar al pensamiento final que a su vez comunicamos y ejecutamos.

Luis: Pero ahora descubrimos que lo irracional o por lo menos lo no-racional guía la mayor parte de nuestras vidas y que el instrumento de comunicación de lo no-racional son las emociones.Vuelvo a señalar que es difícil de aceptar, cuando hemos descubierto la importancia de las emociones en nuestras vidas, no saber a donde nos llevan las emociones.

Pedro. Algo sabemos.

Luis ¿ Qué sabemos?

Pedro: Por un lado hemos dicho que son el componente de nuestra vida social.

Luis Pero la vida social y en concreto nuestra vida social es el claro ejemplo de una complejidad que nos trasciende.

Pedro: Por tanto podemos hacernos la pregunta sobre qué es más real en nosotros mismos, si nuestra vida individual o nuestra vida social.

Luís: Una pregunta importante a la hora de saber cómo conducirnos como seres humanos pero imposible de contestar.

Pedro: Imposible de contestar si queremos responde al concepto de “ más o menos real”, pero fácil de contestar si damos por reales ambos componentes de nuestra inteligencia.

Luís: Quieres decir que podemos ser conscientes de que no sólo somos reales en cuanto individuos sino que somos igualmente reales en cuanto grupo social. Ahora me doy cuenta que cuando hablamos de inteligencia emocional estamos hablando de inteligencia social.

Pedro: Y desde el principio hemos dicho que ha sido un fallo del racionalismo no darse cuenta tanto de nuestro potencial de inteligencia social así como de su aplicación práctica. La manera de conducirse las personas en grupo, la relación interpersonal, la relación social es la que ha determinado y determina nuestras emociones y viceversa nuestras emociones las que determinan nuestra relación social actual. Si tenemos una personalidad fraguada en las emociones vividas en la infancia es porque somos seres sociales por antonomasia, porque necesariamente nos hemos desarrollado en la matriz de una sociedad, familiar, nacional, cultural etc. Y esa personalidad determina nuestra vida social actual a veces con rigidez y a veces con flexibilidad dependiendo de cómo cada uno haya elaborado esas emociones.

Luis: Al oírte este razonamiento me doy cuenta de la importancia que han de tener para el individuo esas tres matrices de las que has hablado: la familiar, la nacional y la cultural.

Pedro: No es difícil observar que cualquier conversación y no digamos cualquier intento de modificación o revisión de un hábito de conducta, está relacionado con esas tres matrices y por ello levanta verdaderas pasiones.

Luis Así pues podemos decir que, en contra de las apariencias, no es el lenguaje la argamasa de lo social sino las emociones.

Pedro. Hasta cierto punto. Sería más exacto decir que el lenguaje sólo funciona sobre la base de las emociones. Así puede ser deformado, tergiversado en su comprensión e incluso anulado según sean las emociones presentes. Es decir según sea la relación social establecida.

Luis. ¿Y no podría ser al contrario?

Pedro: En cierta manera también el enunciado contrario es verdadero. El lenguaje puede modificar las emociones y conseguir de esa manera una mejor comunicación entre los seres humanos o en algunos casos un bloqueo de la comunicación. Esta es la tesis de Humberto Maturana y Francisco J.Varela. El lenguaje social es el instrumento que nos permite modificar las emociones que a su vez nos permiten la relación social. Hablar para cambiar el lenguaje personal, cerrado, que constituye nuestra racionalidad. Emocionarse para hablar de manera social y no elaborar soliloquios racionales y también dialogar para emocionarse. Pero advierte Luis que lo social no se acaba en el diálogo entre dos, en la pareja, sino que debe haber un tercero, un cuarto, un quinto....
Luís: ¿ La palabra de un tercero? No llego a comprender lo que dices.

Pedro: Las emociones son el componente básico de la interrelación entre individuos. Por tanto nunca una interrelación puede quedarse entre dos personas del mismo modo que un individuo no puede desarrollarse aislado. Decimos que las emociones se contagian y esto ocurre porque siempre que se juntan dos o más personas las emociones se activan y de alguna manera ya se están expresando. Si embargo si sólo hablamos con la razón podemos guardar silencio sobre lo que no nos interesa comunicar.

Luis: Pero las emociones también pueden ser escondidas.

Pedro: Sí, puede hasta cierto punto haber un silencio de emociones, pero por breve tiempo si las personas interactuan. Sabemos que el lenguaje de las emociones es corporal lo que hace muy difícil su control. En cierta manera no deberíamos hacer una separación demasiado radical entre lo racional y lo emocional, entre el lenguaje y las emociones, porque a la larga el lenguaje se comportan casi de la misma manera que las emociones, pero podemos aceptar algunas diferencias. El caso es que esa tercera o cuarta persona de la que hablamos puede mediar ( para bien o para mal) en las emociones producidas por el contacto entre dos personaas y aquí está el quid de la dialéctica entre lo social y lo personal.

Luis Explicate.

Pedro: Los seres humanos en cuanto individuos construyen su personalidad en la infancia y la modifican a lo largo de su vida, aprenden a manejar algunas de sus emociones, conocen algunos de sus sentimientos y desarrollan un pensamiento y un lenguaje propio en en el marco de una matriz social.

Luis: Eso hemos dicho

Pedro: El resultado puede ser un individuo en equilibrio con la sociedad o, lo que parece sinónimo, consigo mismo. O por el contrario un individuo desequilibrado.

Luis: Quieres decir que cuando una persona está desequilibrada individualmente es porque lo está socialmente y viceversa.

Pedro: Eso digo.

Luis: Ya entiendo. Entonces desde el punto de vista social el concepto de equilibrio es fundamental.

Pedro: Eso es. Y las emociones humanas , como las emociones animales, tienen que ver con ese equilibrio o desequilibrio personal que es al mismo tiempo social y viceversa. Las emociones positivas y las emociones negativas o destructoras tienen que ver con el equilibrio personal que, como acabamos de decir, a su vez es un equilibrio social.

Luis: Se me ocurre entonces pensar por un lado el lenguaje es una especie de puente entre lo racional y lo emocional y por otro que lo racional tiene sentido, del mismo modo que lo emocional, en el contexto del equilibrio social.

Pedro: Efectivamente no tiene sentido alguno fuera de dicho contexto. ¿ No resulta penoso ver a la gente queriendo tener razón y obstaculizando de este modo la relación social ?

Luis: Es normal, cualquier persona suele estar convencida de lo que habla y cree tener la razón

Pero: Y sin embargo desde el punto de vista social esto no es posible. O se tiene una parte de la razón que llamaríamos general o simplemente nadie tiene la razón. No se puede tratar de defender la razón como si de una conquista personal se tratara. El que cree tener razón es un peligro. Justificará su violencia apelando a que tiene la razón. De hecho la razón es el instrumento del poderoso para imponer su voluntad. Cuando más loca está una persona generalmente más cree tener la razón. No lo digo yo, está en la literatura y en el lenguaje popular.

Luis: Es cierto, se dice que a los locos hay que darles la razón.

Pedro: No hay más que leer el Quijote. Cuando más está una persona fuera de la realidad que le rodea, más cree tener la razón. Y para no tener que sufrir su ira hay que darle la razón.

Luis: ¿ Está entonces la razón relacionada con la ira?

Pedro: En el Quijote los episodios de ira por parte de D. Quijote son frecuentes. Esta paradoja está magistralmente descrita por Cervantes. D. Quijote ha perdido la razón y por eso cree tener la razón. Entra así en el círculo vicioso de la violencia. No se le puede dar la razón porque no la tiene pero hay que dársela porque no la tiene. D.Quijote se enfada de que nada a su alrededor funciona según le indica su razón. Quienes le rodean no pueden hacer funcionar las cosas según el criterio de D. Quijote porque entonces entran en conflicto con ellos mismos y con la sociedad, pero a su vez si no siguen dicho criterio el que se enfada y proyecta su violencia es D.Quijote.

Luis. Es una obra soberbia y divertida.

Pedro: Divertida porque D.Quijote es en realidad un personaje que cree tener poder pero no lo tiene. Pero no resulta tan divertida cuando el que está desadaptado es un poderoso o grupo de poderosos y entran en el círculo vicioso de la violencia. Ejercen la represión o la violencia porque creen que no se hace su voluntad, cuando en realidad no puede hacerse su voluntad en base a una razón desadaptada precisamente por el propio ejercicio del poder.

Luis ¿ El ejercicio del poder desadapta a las personas?

Pedro: Por supuesto, pero de esto hablaremos otro día. Sigamos con el tema de hoy: la inteligencia emocional. ¿Y porqué crees Luis que tener la razón está relacionado con la ira?

Luis . Ciertamente me haces preguntas difíciles de responder. Habría que concluir que es porque la razón se convierte con facilidad en algo así como un castillo que hay defender de cualquier intromisión o ataque.

Pedro: Efectivamente, esta es una de las características de la razón. Puede convertirse en un mecanismo de defensa para el individuo.

Luis: ¿Defensa de qué ? ¿ De la emociones quizás?

Pedro: Sí, de hecho puesto que tiene esta virtualidad se convierte en mecanismo de defensa de las emociones negativas o destructoras que existen en las relaciones humanas que a su vez son la consecuencia de un reparto del poder. Pero en ese caso la razón pierde su valor. Desde mi punto de vista la razón no debería estar reñida con la comunicación y la sociabilidad, aunque sólo fuera porque cuando nos expresamos empleamos palabras comunes de una determinada lengua, pero en la práctica si las emociones están alteradas la racionalidad no cumple esa función y el lenguaje queda distorsionado. La emoción, la razón y el lenguaje se alteran en cuanto se pierde el equilibrio social.

Luís: Tengo que concluir que el lenguaje que hemos considerado desde siempre la quintaesencia de la comunicación no siempre es un buen instrumento de comunicación entre los humanos.
Pedro. No lo es, si no guarda armonía con las emociones. Son las emociones las que van a permitir o impedir la buena comunicación y el lenguaje no está por encima de ellas.

Luis: Ahora veo con más claridad, lo que decíamos al principio, que hemos de poner toda nuestra atención en la vida emocional.

Pedro: Efectivamente y más importante aún es el equilibrio social para que las emociones a su vez sean positivas y se pueda dar una buena comunicación a través del lenguaje. En nuestra vida social,en realidad no debería importarnos tener la razón, sino conducirnos en el marco de unas buenas emociones, mediando en conflictos sociales para su disolución, alcanzando y tratando de no perder el equilibrio social. De esta manera recibiremos las emociones positivas que son fundamentales para nuestro equilibrio personal y nuestra felicidad individual. El equilibrio social es tan importante como el equilibrio biológico. Y del mismo modo que fuera del equilibrio biológico no hay vida, tampoco hay vida fuera del equilibrio social
Luis: Lo que acabas de decir equivale a decir que existe “ una muerte social”

Pedro: Existe una muerte social. Eso lo saben muy bien quienes condenan a sus oponentes al ostracismo. Es objetivo dictador acallar la voz del que le critica y quitar la vida social si no se atreve a quitarle la vida biológica. Pero la muerte social de la que hablo no es la “ excomunión “ del poderoso sino precisamente la muerte social en la que se sume cualquier persona que vive en una sociedad desigual y por tanto en desequilibrio.
Luis: En ese caso todos estaríamos muertos socialmente, porque nuestras sociedades no son precisamente el ejemplo de la ecuanimidad, la justicia, el reconocimiento del otro en la convivencia y del amor.

Pedro: Lo que digo es que no existe vida en el desequilibrio biológico ni en el social. Por ello la vida en nuestro planeta parece estar seriamente amenazada.

Luis: Antes has dicho que el que el equilibrio social lo rompe el reparto desigual del poder.

Pedro: ¿Y qué sino? ¿ Acaso la acumulación de poder, no es lo contrario al equilibrio?

Luís: Visto así, no cabe duda que las emociones de los seres humanos en la actualidad están muy alteradas.

Pedro: Y el problema es que bloquean la comunicación emocional y a su vez la racional. Es decir, el recurso que la naturaleza ha desarrollado para conducirnos socialmente de manera adecuada. Mira a tu alrededor. Si los seres humanos nos agredimos y matamos es evidente que no existen emociones positivas y sin emociones positivas no hay vida social.

Luis: Es evidente. Pero algunas personas consiguen vivir positivamente a pesar de tanto conflicto.

Pedro: Si eso ocurre es porque consiguen crear un entorno social separado del entorno general. Pero esta situación no es durable. Vemos que en la actualidad, la desigualdad social es extrema y las guerras indican la incapacidad del ser humano por conseguir una armonía social, mirada ésta con la perspectiva global que incluye el verdadero concepto de equilibrio.

Luis: ¿ En ese caso la armonía personal sería momentánea y temporal?.

Pedro: Los individuos nos esforzamos contínuamente por conseguir una armonía personal pero ésta no existe sin la armonía o el equilibrio social.
Luis: ¿ Entonces hay que estar continuamente en lucha, alerta para alcanzar cualquier tipo de equilibrio personal y social y luego tratar de no perderlo, para mantener el mayor tiempo posible emociones positivas?

Pedro: Así es. Cuando has llegado a algún tipo de equilibrio la emoción positiva fluye con normalidad, dentro del equilibrio obtenido. Luego hay que tratar de preservarla y si se rompe el equilibrio por cualquier motivo ( generalmente por influencia del desequilibrio del mundo exterior que como hemos explicado existirá mientras exista una mal reparto del poder) hay que tratar de volver a conseguirlo.

Luis: Ahora comprendo que entender las emociones puede darnos pautas de conducta social que no nos proporciona el estudio racional de las cosas..

Pedro: Efectivamente. En primer lugar observarás que todo el mundo tiene una explicación racional de lo que acontece y normalmente cree tener razón. Sin embargo ello no le sirve para conducirse socialmente bien. De hecho se observa una especie de impotencia en la conducción de lo social incluso en personas que destacan por sus conocimientos científicos y racionales. Ya conoces el refrán “ Del dicho al hecho hay un gran trecho”. Se trata de la característica del que habla y razona con toda propiedad pero no sabe ejecutar una pauta social determinada .

Luís. Me doy cuenta que es más fácil descalificar a alguien en el plano de la razón, negándosela, que negar que tenga emociones. En este caso también veo una ventaja pues por lo menos la descalificación será menor.

Pedro. Más fácil pero al mismo tiempo absurdo, pues la razón absoluta no la tiene nadie. Pero observemos que cuando las emociones están muy alteradas, como es el caso de nuestra vida social actual inmersa en desequilibrios extremos,, se puede llegar a un tipo de locura mucho más peligrosa que la locura racional por ejemplo de D. Quijote que al fin y al cabo se enfrenta al el espejismo de creer que tiene toda la razón.

Luis: ¿ A qué locura te refieres?

Pedro : La locura de quien desconoce que los seres humanos tienen emociones porque quizás el mismo ya no las tiene.

Luis: Hablas del psicópata.

Pedro: Hablo del poder de psicópata o del psicópata en el poder

 Luis: ¿ Qué poder posee el psicópata que no tenga una persona con emociones?

Pedro: El poder de la falta de inhibición. La acumulación sin límite. Es una locura de tipo emocional o si se quiere un caso extremo de locura racional que puesto que ha hecho de la razón un baluarte ya no conecta con las emociones y sentimientos de sus semejantes.

Luis: ¿Se cree entonces el psicópata en posesión de la verdad?

Pedro : Efectivamente. Y hay más. La creencia en la posesión de la verdad absoluta, relacionada con la falta de sentimientos y emociones propias de la vida social, tiene a su vez que ver con la acumulación de poder que es al mismo tiempo la causa y la consecuencia de su incapacidad para la vida emocional y social.

Luis: Si la acumulación y el poder, son la causa del fracaso social en quien lo ejerce y en quienes lo padecen y de las alteraciones emocionales consiguientes, entonces habría que vigilar con mucha atención, este asunto del poder.

Pedro: Sin embargo mira cómo sería la verdad que no va acompañada de acumulación y poder. Uno formula una verdad fruto de su pensamiento,con sus palabras y según su lógica personal, y su oponente puesto que es un individuo radicalmente diferente, formula otra verdad fruto de otra lógica personal y utiliza otras palabras para formular su verdad. Tenemos que en la práctica cada uno formula verdades diferentes o una misma verdad con matices diferentes que en realidad ya no es la misma verdad.

Luis: Efectivamente este tipo de verdad relativa es muy diferente a la verdad absoluta.

Pedro: Pero la verdad relativa sólo puede darse cuando no hay acumulación de poder. Cuando alguien acumula poder de la misma manera que no comparte los bienes, tampoco comparte la verdad. La verdad se hace absoluta y el pensamiento único.

Luis: Si no entiendo mal, algo totalmente contrario a la democracia.

Pedro: Por supuesto. La democracia se basa precisamente en la verdad relativa y la dictadura de la verdad absoluta.

Luis: Veo que lo que dices prácticamente es un corolario de lo dicho anteriormente. La verdad sólo puede ser entendida en el marco de lo social.

Pedro Efectivamente. Cuando se habla de razón absoluta o verdad absoluta no puede ser una verdad elaborada con pensamientos individuales y por tanto diferentes y diferenciados. En este caso no podría ser formulada por ningún ser humano ni grupo de seres humanos.

Luis: Pero insisto en comprender por qué entonces los seres humanos estamos tan necesitados de verdades absolutas.

Pedro. En realidad no estamos necesitados de verdades absolutas, estamos necesitados de la verdad, pero no importa que ésta sea relativa. En este caso hablamos de búsqueda de la verdad y entendemos por verdad la aproximación a un acuerdo previo de tipo relacional. Con otras palabras, estamos necesitados de relación social y ya hemos hablado de la necesidad de sentir emociones positivas, es decir, de sentirnos socialmente relacionados. La razón y la verdad son individuales pero ello no nos exime de tener necesidad de relación social. Sólo el psicópata que como hemos dicho no está conectado a sus semejantes mediante buenas emociones no tiene necesidad de relación social. Está atrapado en su ambición, en su acumulación, en su poder, en su razón y en su verdad.

Luis: ¿ La búsqueda de verdad viene propiciada entonces por la necesidad de la relación social?

Pedro: Efectivamente. Pero observa que para que haya relación social la verdad ha de ser relativa, hay que aceptar la parte de verdad que tiene cada cual. De lo contrario no puede haber relación social si la verdad la acumula una persona o un grupo de personas.

Luis Entonces si no he entendido mal la verdad de la que hablas es una verdad producto de todas las verdades individuales

Pedro: Así es. La esencia de la sociabilidad está en el acuerdo y si se quiere expresar desde el punto de vista emocional en la concordia.

Luis . Entiendo entonces que la está relacionada con el compromiso, con la fidelidad a un acuerdo previo que posibilita la convivencia.

Pedro Así es.

Luis Pero yo siempre he entendido la verdad como aproximación a una realidad objetiva existente con independencia de observador. Y también la verdad como el reconocimiento de una realidad que ha acontecido y la mentira como su ocultación. Por ultimo de siempre he aprendido que la verdad aparece como una adecuación del lenguaje a lo observado, es decir como una descripción fiel, correcta, no distorsionada de las cosas.

Pedro. La verdad tiene que ver con todo lo que acabas de comentar: aproximación a la realidad objetiva, su no ocultación y su correcta descripción. Se trata de la verdad lógica, de carácter científico. Por el contrario la única realidad objetiva de carácter social es el acuerdo. No existe una sociedad única. Tampoco un acuerdo único posible. Más aún, la sociedad humana, aunque tenga una base biológica y una herencia animal, debido al desarrollo del pensamiento y el habla, se autoconstruye contínuamente mediante acuerdos.

Luis: ¿ Y son los acuerdos únicamente los que sustentan la verdad? ¿La única verdad de tipo absoluto, que al mismo tiempo es relativa, es el acuerdo humano?

Pedro : Así es. Pero para que ese acuerdo sea duradero debe basarse en mecanismos de equilibrio tales como la justicia. La verdad estaría así relacionada con el mantenimiento de dicho equilibrio y la mentira con su destrucción. La búsqueda de la verdad es sinónimo de búsqueda del equilibrio social.

Luis: ¿Qué quieres decir con eso de que la sociedad humana se autoconstruye?

Pedro: Quiero decir que la sociedad humana, este es el cambio cualitativo al que esta sometido el ser humano en la evolución de las especies, tiene infinitas posibilidades de construcción y lo que es lo mismo, una sociedad humana determinada la construyen sus propios miembros con la única herramienta posible: el acuerdo. Con el acuerdo viene la concordia, una serie de emociones que lo mantendrán en el tiempo. Si desaparecen esas emociones desaparecerá el acuerdo y si desaparece el acuerdo desaparecerán las emociones que lo hacen posible.

Luis Quieres decir que los acuerdos no se mantienen por sí mismos

Pedro: Efectivamente, no existe fuerza alguna en el acuerdo como un resultado de la lógica o como algo racional sino como un resultado ligado a lo emocional. Con otras palabras son las personas las que hacen, mantienen y deshacen los acuerdos. Unos resultan fugaces y otros más permanentes en el tiempo, pero igualmente temporales a la larga. A su vez la concordia ayuda a establecer acuerdos duraderos.

Luis: Con esta definición de la verdad como acuerdo social no puede existir una verdad absoluta.

Pedro De nuevo hay que decir que si existe una verdad absoluta el ser humano no podría comprenderla ni alcanzarla. Por tanto debemos conformarnos con el tipo de verdad que nos es posible alcanzar, la que creamos en cuanto seres humanos. Sus características son las mismas que las de la verdad absoluta por cuanto el acuerdo no puede ser desfigurado, ocultado o sustituido por una mentira sin sufrir daño la sociedad y el individuo.

Luis: Pero una verdad elaborada por un grupo humano que no es absoluta no será aceptada nunca por otro grupo humano.

Pedro ¿ Acaso sucede otra cosa en la sociedad humana? ¿No tiene cada familia, cada nación, cada religión y cada cultura sus verdades? ¿ Por qué sino son impuestas por la fuerza? Precisamente porque no son universales.

Luis: ¿ Y no son impuestas por la fuerza precisamente porque es necesaria una única verdad a ser posible universal?

Pedro: La fuerza nada tiene que ver con la verdad. La verdad se basa en el acuerdo y la fuerza es lo opuesto al acuerdo. La imposición de la verdad por la fuerza aleja la posibilidad del acuerdo y por tanto de alcanzar la verdad. En realidad la fuerza indica el nivel de la falta de acuerdo y de la falta de sociabilidad. Por ello hemos dicho que el poder, en cuanto acumulación crea una fuerza que es contraria a la justicia y a la verdad.

Luis: Antes hemos hablado de que las emociones indican la radical unidad del ser humano. ¿ Por qué decimos ahora que cada ser humano o grupo de seres humanos tiene su particular verdad, aunque se base en un acuerdo?

Pedro: En teoría podría haber una emoción que alcanzara a toda la especie humana pero en la práctica eso no existe. No existe una verdad universal sino la que se crean a través de la concordia y el acuerdo. Ni siquiera el miedo o el amor que son emociones universales son las mismas en todos y cada uno de los individuos. En el amor anida la concordia y en la concordia el acuerdo mutuo continuamente renovado.

Luis:¿ Pero acaso no camina la especie humana hacia una confluencia? ¿ No podemos llamar a eso la verdad absoluta?

Pedro: No, por la simple razón de que es el ser humano quien la crea y un ser finito no puede crear una realidad infinita.

Luis : Tengo que reconocer que no había pensado nunca que si queremos participar todos de la misma verdad la debemos construir a partir de las verdades individuales y que será más universal cuanto mayor sea el acuerdo alcanzado. Si he entendido bien mientras no construyamos la verdad viviendo equilibrados desde el punto de vista social, desterrando las emociones destructivas, ésta no existirá.

Pedro: De este modo es fácil entender que nadie puede imponer la verdad pues en ese caso ya no sería la verdad al no existir el acuerdo sino la imposición por la fuerza. Y además la verdad relativa aparece como un poderoso instrumento de adaptación social y también al medio cambiante, de lo que estamos tan necesitados. Lo contrario también es cierto que la creencia en la verdad absoluta dificulta los acuerdos incluido un acuerdo universal.

Luis: Ahora que tenemos claro que no existe ni la razón absoluta ni la verdad absoluta me surge la siguiente pregunta: ¿ Cómo es posible que existan emociones encontradas hasta el punto de surgir la violencia entre dos personas?

Pedro: La violencia surge como consecuencia de creer que la otra persona puede hacerte daño.

Luis: ¿ Es ésta la única causa de la violencia porque ciertamente existe mucha violencia en el mundo?

Pedro: Esta es la única causa de la violencia, lo que ocurre es que tanto en la búsqueda de la adaptación social como en la pérdida del equilibrio hay conductas que son interpretadas erróneamente acerca del daño que pudiera hacernos nuestro interlocutor social.

Luis: Pero hay estallidos de violencia entre personas, grupos o naciones que ni siquiera llegan a la conciencia. De hecho se toma conciencia después de haber cometido tales actos de violencia.

Pedro: Sí, pero eso lo que indica es que el temor a recibir un daño es en gran parte inconsciente. El inconsciente es la sede de las emociones hasta que éstas consiguen expresarse.

Luis: Me asusta el concepto de inconsciente. pues como el concepto de trascendencia del que hemos hablado traslada el origen de nuestra conducta a un plano en el que no tenemos control sobre la misma. Es como si el origen de muchas conductas y especialmente las conductas violentas estuvieran fuera de nuestro control.

Pedro: Y no puede ser de otra manera. Por eso los conflictos hasta cierto punto no pueden ser evitados y a su vez depende de cómo resolvamos los conflictos que sí podamos evitarlos.

Luis: Difícil tarea la que compete al ser humano.

Pedro: Ciertamente difícil. Nadie puede volver al pasado, tampoco puede conocer el futuro, así pues depende de cómo resolvamos nuestros conflictos que siga habiéndolos o que no los haya.

Luis: Esto obliga por ejemplo a ser sinceros.

Pedro: Esto obliga a muchas cosas de las que hemos hablado como la búsqueda de la verdad, el ejercicio de la justicia, el ejercicio de la concordia, la experimentación de la confianza, y en último término el ejercicio del amor. Pero efectivamente hay que ser sinceros para que nuestra interacción social tenga los menos conflictos posibles y los pactos más duraderos.

Luís: ¿Nunca un pacto va a durar toda la vida?

Pedro: Nunca

Luis: Ni siquiera un pacto por amor.

Pedro: El pacto por amor será duradero si se van resolviendo los conflictos que se producen entre las personas individuales que se aman.

Luis: ¿ No nos deja ésto, una vez más, al arbitrio de fuerzas superiores al ser humano?

Pedro: Sí y no. Llamamos amor, además de al enamoramiento que orienta a ello, al conjunto de conductas que permiten mantenerse unidos sin violencia.

Luis: Es difícil que en un momento de cambio social no ejerzamos algún tipo de violencia o ,como tú mismo has dicho antes, que no reaccionemos violentamente al miedo a ser agredidos o a que se nos cause daño.

Pedro: Es difícil, pero siempre estarán mas preparados quienes se ejercitado en ese elenco de virtudes que hemos nombrado que siempre se han considerado virtudes para la convivencia. Por ello hay una cosa que fundamental para que la relación humana se mantenga sin violencia o alcance la armonía en caso de desequilibrio, trabajar por quienes nos rodean en intensidad y extensión hasta donde llegue la capacidad de hacerlo.

Luis: Ahora me doy cuenta de la fuerza de lo social y del tiempo que perdemos en consumir de manera aislada. Lo importante en el ser humano es que existan buenas emociones y una buena relación social y pasamos nuestro tiempo consumiendo cosas que cuanto menos son secundarias.

Pedro: El consumismo individual es una forma de acumulación. El consumo grupal es el que ahorra mas recursos , resulta más barato y el que mejor nos entrena en el empleo de las emociones para la convivencia.

Luis: Y sin embargo, ahora soy consciente, de lo poco que sabemos sobre ellas.

Pedro: Así es.

Luis: Seguiría hablando a cerca de muchos de los temas que han ido surgiendo a través de esta conversación, pero es tarde y me tengo que ir. Aquí te dejo mis preguntas para otra ocasión: ¿ Cuál es la relación existente entre instinto y emoción? ¿ Pueden los instintos ser cambiados por la interacción social y con qué finalidad? ¿ Cuándo las emociones se convierten en destructivas ? ¿ Cómo se alcanza el equilibrio social? Y finalmente esa pregunta que te hecho en el discurrir de este diálogo que tú mismo has dejado para otra ocasión ¿Desadapta socialmente el poder a quien lo ejerce?.

Pedro: Sigo a tu disposición para cuando quieras.

Luis: Te agradezco mucho que me hayas prestado tu atención. Como bien has dicho al principio de la conversación, el diálogo permite que el pensamiento fluya y se desarrolle.

Pedro: En este caso el diálogo ha sido posible porque entre tú y yo existen emociones positivas. Hay concordia, amistad y nuestra relación está en equilibrio. En esta situación crece pensamiento y el acuerdo por la propia dinámica de la relación social.

(c) Rafael Rodrigo Navarro. 2012  Del libro:  Diálogos socráticos en el siglo XXI







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